Comentad.

Vuestra opinión es la más importante, ya que, sin ella este blog no podría seguir adelante.
Yo y mi blog necesitamos que comentéis.
Así que, ¡adelante!
Os lo agradeceré mucho.
Además si no queréis daros la lata de comentar en la misma entrada, siempre podéis mandarme un correo, con lo que queráis decirme, de cualquier tema sobre el blog, a la dirección que aparece en la página de contactos, o al Facebook, que aparece en ésa misma.
También podéis comentar en el Box de abajo, aunque yo lo use principalmente para avisaros de pequeños percánces y demás.
Muchas Gracias.

Att. D.Farrel

lunes, 15 de noviembre de 2010

9#Do You Want To Be My Tinker Bell?




Michael no dijo nada, solamente estiró su mano y me aferré a ella, me condujo hasta la asombrosa mesa que había en una parte de la sala.
Era de esas típicas mesas alargadas, con un mantel rojo y unas sillas muy elegantes.
La comida ya estaba servida, así que empezamos a comer, la velada transcurrió tranquila y sin percances, hablamos de todo tipo de cosas, como siempre, ya que, siempre nos teníamos algo que contar, aunque su vida, obviamente, era más, digamos, movida que la mía.

-...Y ése era el motivo por el cuál mis hermanos y yo ensayábamos tanto -prosiguió su entretenida habladuría-Me imagino, que estos días, te habrás dado cuenta del pequeño cambio que ha habido...-musitó, esperando una respuesta por mi parte, me limité a asentir-Te hablé una vez, de lo complicado que era ser yo, por eso de los periodistas, ya sabes, pero apartando ese tema, me encanta ser quién soy, y lo que he conseguido, bueno, lo que vengo a decir, es que se han estado extendiendo unos rumores muy feos hacia mi persona-dijo él con un atisbo de tristeza en su mirada-Ése es el motivo de mi tristeza, pero ¿sabes qué?, he decidido seguir ignorándolos.

-Y a mí me parece muy bien que los ignores, las mentiras son sólo mentiras, mientras que la verdad siempre estará ahí-expliqué-lo que no me parece bien es que inventen cosas de ese tipo, deberían esforzarse en conocerte, como yo he hecho, y eres una persona maravillosa, si señor-él se sonrojó ante mi palabrería y yo esbocé una sonrisa al ver su reacción-una de las mejores personas que he podido conocer, la única...-

-Sé que tu libro favorito, es Peter Pan, sabrás que Peter Pan no puede vivir sin campanilla, en estos meses, no sé que ha pasado, pero te has convertido en mi campanilla, una parte fundamental en mí, sin duda alguna, eres algo que necesito-hizo una pausa para examinar mi rostro-pero creo que sería una muestra de egoísmo por mi parte tomar esta confianza contigo, sin antes preguntártelo-dijo en un tono nervioso y un poco sonrojado-Denise, ¿quieres ser mi campanilla?.

En ése instante mi mundo se paró y mi respiración se quebró, ¿por qué reaccionaba así ante una pregunta tan simple? Tan simple, que contestar un simple sí, haría feliz a dos personas, decir sí a esa pregunta, era como firmar un contrato de amistad eterna, sin duda ese era el significado de ser campanilla para mí, la amistad eterna que hay entre ella y Peter Pan, que en este caso era Michael.
Él se levanto y se puso a mi lado, estaba muy nervioso, lo notaba porque tenía una servilleta medio deshecha en sus manos, una servilleta que él había destrozado por los nervios.
Yo sabía qué contestar, pero algo me detenía, era como si alguien me tapase la boca con las manos y me impidiese decirle que quería ser su amiga eterna.
Mis otros pensamientos eran los que me impendían responder esa pregunta, los que me hacían pensar que yo no podía ofrecer nada a aquel hombre con alma e inocencia de niño, pero que él me hiciese esa pregunta significaba que tenía suficiente fe en mí, y que, por supuesto, quería algo de mí.
Me deshice de todos los miedos que se aferraban a mi garganta y me que impedían contestar, como por arte de magia al ver el mal rato que estaba pasando Michael al esperar mi respuesta.

-Por supuesto que sí, Michael, seré tu campanilla-contesté al fin.

-Eso significa que hemos hecho un pacto, ¿lo sabes verdad? nunca nadie nos separará, y esta amistad nunca terminará-dijo sonriendo, feliz-te quiero mucho, campanilla-prosiguió abrazándome tiernamente-prométeme que nunca me dejarás solo, no quiero estar nunca más solo-y ante la tristeza que desprendían una inconsciente lágrima partió de mi ojo, pero él no se percató porque yo estaba apoyada en su pecho.

-Te lo prometo-musité-nunca te dejaré solo y no permitiré que vuelvas a ser infeliz, no mientras  yo esté aquí-Michael me abrazó más fuerte y me besó suavemente el pelo.

De repente, la realidad de mis palabras me abrumó, ¿y si no podía cumplir mi parte del pacto?¿y si le abandonaba? Mi moral no estaba lo bastante alta como para ser capaz de complacer a alguien, y menos a él, porque era demasiado especial, quizás me ponía demasiadas exigencias, quizás debería dejarme llevar por su mirada y dejar que fluyesen sus palabras hasta mi corazón.

sábado, 13 de noviembre de 2010

8# Dinner.



Sin darme cuenta ya eran las ocho de la tarde, yo estaba sentada en un sillón del salón mirando absorta por la ventana, vi como de repente caían unas pequeñas gotas de agua que se estampaban contra el cristal de la ventana, empezó a llover; me levanté del sillón, abrí la ventana y estiré el brazo para que las gotas cayesen sobre mi mano, tenía la costumbre de hacer eso desde pequeña, me gustaba sentir las gotas de agua cayendo en la palma de mi mano porque lo consideraba como un contacto con la naturaleza, era algo muy importante para mí.
Adoraba las lluvias de primavera, eran más frescas y ligeras que las otras y siempre me gustaba ponerme debajo de la lluvia, aunque corriese el riesgo de resfriarme.
Al rato de ver como mi mano se mojaba por las gotas, cerré la ventana y al girarme vi a Michael, con una pequeña sonrisa naciendo en las comisuras de sus labios, me encantaba esa sonrisa, era pequeña pero muy tierna, se sentó en un sillón y yo le imité, de esa forma quedamos uno frente al otro.

-Te veo diferente...-dijo él con tono pensativo-¿te has hecho algo?-preguntó.

-Bueno, al parecer un baño relajante y un poco de maquillaje puede cambiar mucho a una chica-expliqué entre risas-sólo es eso, un baño de espuma y maquillaje de Doris.

-Estás preciosa, ¿quieres cenar conmigo esta noche?-preguntó-Pero no es una cita, es, es...Sólo...Una cena-prosiguió nervioso.

-Por supuesto que sí.

-Perfecto entonces, nos vemos en...Una hora, en el comedor, hasta luego-dijo levantándose del sillón y dándome un beso en la mejilla.

¿Por qué siempre tenía que ser tan extremadamente caballeroso y perfecto? Ya no sabía que imagen tenía de él, si para mí era mi amigo, mi hermano, o, algo más, no lo sabía, tenía una confusión de sentimientos enormes, pero de lo que sí estaba completamente segura, es que no quería que fuese algo más que un amigo, no podía estropear esa amistad por una tontería como es el amor, tampoco quería enamorarme de él, porque yo no tenía nada que darle, sólo sería un estorbo para él, no creo que el quisiera a una chica indecisa, torpe y rota, porque él era algo más que humano, él era un ser perfecto, y como ser perfecto que era se merecía a la chica perfecta no a mí, yo era las sobras de la humanidad.
Cuando salí de mi cavilación interna, me levanté del sillón y me fui a mi habitación a buscar algún vestido, o algo formal para la cena. Busqué en el armario profundamente, pero no encontré ningún vestido que valiese la pena, aunque, pensaba que no tenía porque nunca me había puesto un vestido, o una falda, y mucho menos tacones.
De repente, una idea apareció en mi mente, recordé la habitación de los juguetes, en la cual había un baúl y un perchero lleno de ropa, quizás allí habría algún vestido para mí.
Me fui a la habitación y rebusqué en el baúl y el perchero, eran todo disfraces, al cabo de un rato buscando me rendí y me senté en el suelo, en un momento vi una tela negra, sentí curiosidad y tiré cuidadosamente de ella, cuál fue mi sorpresa al ver que era un elegante vestido negro de gasa, con escote palabra de honor y una pequeña tira gris que decoraba graciosamente bajo el escote, ése era el vestido perfecto, sencillo y cómodo.
Me dirigí a la habitación con el vestido entre manos, me lo puse y me arreglé el pelo un poco, me miré el espejo y me sentía  orgullosa, por una vez en mi vida, de lo que veía en ese espejo, veía a una muchacha alegre y aparentemente sin problemas. Al cabo de un rato, Doris tocó suavemente la puerta de mi habitación para que la abriera.

-Denise, te están esperando-dijo sonriendo-vaya estás preciosa, pero...Te faltan los zapatos ¿Verdad?.

-Sí, no tengo tacones ni nada de eso-contesté.

-Espera aquí un momento-dijo mientras cerraba la puerta de mi habitación.

Me senté al borde de la cama a esperar a Doris, era una buena persona, siempre intentaba ayudarme en lo que podía y era muy bondadosa, sin duda, una de las mejores personas que podía haber conocido en mi vida.
Al cabo de unos, dos minutos, apareció por la puerta de la habitación, con unos maravillosos tacones negros con una cinta de brillantes, no dijo nada, sólo sonrió, me guiñó un ojo y se fue de la habitación.
Me probé los tacones y me quedaban perfectos, eran tan finos y hermosos, me dispuse a salir por la puerta, pero al ir a girar el pomo de la puerta algo me detuvo, una especie de escalofrío, pero no me importó, abrí la puerta y me dirigí hacia el comedor.
Michael estaba mirando por la ventana, llevaba una chaqueta roja, unos pantalones negros, sus clásicos pantalones negros, y un sombrero negro, al oír mis pasos se giró y esbozó una gran sonrisa, se acercó a mí y me contempló de arriba a abajo, sin dejar de sonreír, en ese momento supe, que ésa noche iba a ser mágica.

jueves, 11 de noviembre de 2010

7# You're My Dream



Dormí plácidamente toda la noche, aunque, antes de dormir estuve intentando adivinar durante varias horas qué era lo que le pasaba a Michael.
Soñé que podía volar y atravesar el cielo, pero no tenía alas, solo poseía esa habilidad, siempre quise volar con el propósito de sentirme libre, aunque, pensándolo bien, ya no me hacía falta volar, porque había algo en Michael que me hacía volar, estar junto a él era como rozar las nubes con las puntas de los dedos.

Me desperté a las doce del mediodía, era muy tarde así que me dí prisa en vestirme. Al terminar me dí cuenta de que sobre la pequeña mesita que había en la esquina de la habitación había una nota, me acerqué, la cogí y observé que era de Michael:

Buenos días pequeña, espero que hayas dormido bien.
Te dejo esta nota porque estaré todo el día fuera, pero en cuanto vuelva te tendré preparada una sorpresa.
Puedes hacer lo que quieras ¿vale? dejo la casa en tus manos, sé que sabrás cuidarla.
Te Quiero.

Suspiré y volví a dejar la nota sobre la mesa, todo el día sola en esa inmensa casa, ¿qué podía hacer? había muchas cosas para divertirme pero sin Michael no era lo mismo.
Por un momento aquel "te quiero" asomó en mi mente, no sabía que me pasaba ni quería saberlo, la verdad, no me importaba, sólo me importaba Michael.
Todavía seguía preocupada por la tristeza que él sentía últimamente, lo veía deprimido, ya no sonreía tanto ni se reía casi nunca, odiaba eso, no soportaba verle así, es como si, de algún modo, repercutiese sobre mí, como si sus penas, sus alegrías, como si todo, absolutamente todo lo que el sentía se reflejase de una manera en mí.

Decidí, tras varios minutos deliberando, que ese día sería completamente para mí, ya que nunca tuve tiempo para cuidarme. Me dí un baño relajante, por fin pude sentir el relax de darme un baño de espuma extra relajante, la gente siempre apreciaba esos momentos, ya sabía por qué; encontré un estuche de maquillaje en una de las habitaciones por las que estuve trasteando, no sabía de quién era, pero supuse que sería de Doris, ya que era la única chica, aparte de mí, que había en la casa. Sujeté el estuche entre mis manos y lo llevé hasta la cocina, buscaba a Doris, quería preguntarle si me dejaba usarlo, nunca me había puesto maquillaje, así que quería sorprender a Michael.
Efectivamente, como yo había previsto, Doris estaba allí, de espaldas a mí y troceando algo sobre la encimera, la comida, me acerqué a ella y le dí dos suaves toques en el hombro para advertirla de que estaba allí, ella se dio cuenta de ello, se giró y esbozó una sonrisa al verme.

-Buenos días señorita, veo que se ha despertado más tarde de lo normal-observó ella sin dejar de sonreír.

-Sí, se me pegaron las sábanas-contesté riendo-y por favor, tutéame-continué.

-Está bien-dijo ella-¿deseas algo?-preguntó.

-Sí, quería saber si me dejabas...Usar tu maquillaje, es que nunca me he puesto maquillaje y por eso no tengo, además quería sorprender a Michael, y también, me preguntaba, si podrías maquillarme tú, supongo que tendrás mucha más experiencia que yo-contesté tímida-todo eso si no tienes nada que hacer, claro está, no quiero molestarte.

-Claro que sí, ahora te ayudo cuando termine de trocear estas verduras, ya sabes que Michael es vegetariano.

Asentí y me senté en uno de los taburetes que había en la sala.
Mientras que ella terminaba de hacer sus tareas hablamos sobre Michael y descubrí muchas más cosas sobre él, me dí cuenta de que mientras más sabía, más me encantaba estar en su presencia y más me encantaba ser su amiga, y por qué no decir, que se había convertido en un sueño, un precioso, inocente, dulce y delicado sueño, que despejaba todos mis miedos y pesadillas.

Cuando Doris terminó sus tareas, me llevó al baño y empezó a maquillarme perfectamente, al parecer tenía práctica, porque, por lo que me había dicho, de joven fue maquilladora en una peluquería, pero que cambió su trabajo por unos problemas personales que tuvo.
Al terminar, me miré en el espejo y no me creía que la chica que se reflejaba en él era yo, mis ojeras desaparecieron y mis mejillas ya no eran pálidas, mis escuálidos y claros labios pasaron a ser la fuente central de color de mi rostro, mientras yo me observaba boquiabierta, Doris me miraba con auto eficiencia, se sentía orgullosa de haberme transformado o algo así.
Yo sólo quería dejar atrás a la chica sin pasado, y probablemente sin futuro, a la chica triste y con recuerdos horribles y quería dejar paso a la chica que sabe lo que quiere, a la que tiene bondad en su corazón, la chica que quiere curar las heridas sentimentales de un chico, que pese a estar rodeado de gente, se sentía solo. Si yo había aparecido en su vida, sería por algo, y ésa era mi misión, curarle y hacerle feliz, ayudarle a cargar todo el peso del dolor, ya que ni él mismo podía con ese dolor, nunca viene mal una ayuda, y yo le levantaría cuando él se callese.




sábado, 6 de noviembre de 2010

6#His Secret Love.




Estuvimos un rato charlando sobre muchos temas diferentes, él sólo quería cambiar de tema y no tocar el tema de mi infancia, charlamos, tomamos zumo, nos divertimos, reímos y se nos pasó el tiempo volando, bueno, al menos a mí, de repente y no sé como salió el tema del amor.
La verdad yo nunca me enamoré, ni tenía necesidad de hacerlo, me parecía que ése sentimiento sobraba dentro de mí, o, que simplemente, no tenía el corazón lo suficientemente preparado como para sentirlo, me aterraba completamente enamorarme, porque ya, sin enamorarte de alguien, puede hacerte mucho daño.

-¿Te has enamorado alguna vez?-preguntó.

-No, no me he enamorado ninguna vez, y no quiero enamorarme ¿sabes? no quiero que me hagan daño, y tú, ¿te has enamorado?.

-Una vez, pero la chica no correspondía al amor que sentía por ella, así que sólo quedó en amistad, aunque, cada vez que la viese mi corazón diese un vuelco, ella parecía no entender la magnitud de mis sentimientos. Y ahora la estoy buscando, llevo cerca de un año buscándola y cansando a los que están a mi alrededor para que la encuentren-hizo una pausa para retirarse uno de los rizos de la frente-he llorado mucho por ella, cosa que ella nunca sabrá porque no podré decírselo, no podré ni siquiera mostrarle mis sentimientos, una vez más. Es la chica perfecta, la ideal para que sea la madre de mis hijos.

Sus palabras fueron tan reveladoras y profundas, estaba muy enamorado de aquella chica, qué afortunada, tenía al hombre mas hermoso del mundo a sus pies, y ella, le rechaza haciendo que él se planteé el volver a conquistarla.
A veces pensaba que estaba sola en un mundo lleno de gente, aunque todo eso cambió rápida e inesperadamente cuando me metí de cabeza en el mundo de Michael, un cuento de hadas.

Odiaba cada instante en el que él se separaba de mí, odiaba cuando no me miraba, cuando no olía su perfume cerca, quería toda su atención sobre mí, porque mi vida estaba depositada en él, había hecho un contrato con un ángel, el trato más difícil para una persona, entregar el corazón y el alma a otra persona, algo, que inconscientemente yo había hecho, y en ocasiones, me preguntaba si me había equivocado de persona.
No sabía cuál era el sentimiento que él despertaba en mi interior, pero dolía, y no sabía por qué, yo no quería que me doliese, quería que me llenase, que me llenase de luz, de color y de vida, la vida que yo nunca había tenido antes, hasta que él apareció.

Pasaron los meses y rápidamente me dí cuenta de que estábamos en marzo, todas esas horas, esos días y esos meses se me habían pasado volando, y él comenzó a hacerse más cercano a mí, algo que me encantaba, coger confianza con las personas adecuadas es hermoso.
A finales de ése mes empezó a grabar su nuevo álbum, algo que a él le entusiasmaba mucho, pero a la vez le cansaba, podía tirarse horas y horas en el estudio grabando una y otra vez las mismas canciones.
Ése mes también era mi cumpleaños, nunca celebré mi cumpleaños, no lo veía como motivo de celebración.

Esa noche me fui a dormir temprano.
Michael dormía en la última habitación del mismo pasillo.
Todas las noches teníamos la costumbre de irnos al salón, bebernos un vaso de leche y ver alguna película, pero esa noche no, esa noche Michael no dijo nada, ni habló de nada, ni siquiera me dijo  buenas noches, estaba claro, que algo le había pasado, un ángel no se entristece por cualquier cosa.






miércoles, 3 de noviembre de 2010

5#The First Rule Is...Get Wet.



En la parte de atrás de la casa se podía apreciar muchísimo más la amplitud de todo el rancho, porque se veía el campo abierto, era precioso, se veían también la piscina y las atracciones.
Vi que había un porche, con escalones para subir hacia él, tenía una mesa y sillas de mimbre con cojines gruesos.
Encima de la mesa había una jarra con zumo de naranja  y dos vasos en los distintos lados de la mesa.
Michael seguía sosteniéndome la mano y sonriendo. Me llevó hasta aquel porche y se dirigió hasta una caja que había en una esquina del porche, se agachó, sacó una bolsa de la caja y la dejó sobre la mesa en la que estaban la jarra y los vasos, mientras yo le observaba extrañada.

-Verás, una de las reglas de Neverland es mojarse-dijo mientras abría la bolsa con cuidado y sacaba muchos globos de agua- y tú aún no te has mojado-prosiguió esbozando una sonrisa traviesa.

-Michael, siento aguarte la fiesta, y nunca mejor dicho, pero yo sí que me he mojado, esta mañana, en la ducha ¿recuerdas?-contesté entre risas.

-Eso no vale-replicó mirándome de reojo-tienes que participar en una guerra de globos de agua-dijo él, manteniendo la sonrisa traviesa.

-Soy una chica torpe e indefensa, no puedes hacerme participar en eso-dije intentado darle pena, pero no podía contenerme la risa-ten piedad de mí, por favor-continué poniendo ojitos de cordero.

-Estás muy mona haciendo ojitos pero no hay excepciones, es una regla-dijo agarrando uno de los globos de agua y tirándomelo.

-¡Michael!- grité y empecé a correr tras él.

Me hice con varios globos para lanzárle  aunque fuese uno y que le diese.
Pero no lo conseguí, siempre se escabullía, era demasiado rápido y ágil para mí, que nunca había jugado a este juego, bueno, ni a este ni a ninguno.
Pasamos un rato corriendo, ya que después de que él ganara la guerra de globos de agua y me lo hubiese restregado mil veces, me pidió que jugásemos al tú la llevas, yo acepté como una tonta, al parecer le gustaba ver como me cansaba y como él ganaba siempre.
¿Por qué tenía que tener aquella rapidez? bueno y, ¿por qué  yo tenía que ser tan torpe?, lo digo porque en uno de los intentos de agarrarle tropecé y caí encima suya, nos quedamos mirándonos con cara de tontos y de repente empezamos a reírnos escandalosamente.
Después de ayudarme a levantarme me pidió que le siguiera hasta el porche.
Cuando llegamos, nos sentamos en las sillas de mimbre y nos servimos un poco de zumo de naranja.
Empezamos a hablar sobre la infancia de Michael, al parecer fue un poco triste porque sólo trabajaba y no podía salir a jugar con los otros niños, además de mas sucesos, entonces salío un tema un poco delicado para mí, mi infancia, Michael me preguntó sobre ella:

-¿Fue feliz tu infancia?-preguntó Michael sonriente.

-Bueno, cuando me encontraste yo acababa de salir de un orfanato, estuve allí desde que tengo memoria y nunca he sabido quiénes eran mis padres-hice una pausa para dar un sorbo al zumo-ni si quiera sé si les pasó algo, si siguen vivos, si...Me abandonaron, sólo sé mi apellido, por lo del colgante, ya sabes-Michael asintió, estaba serio-y no creo que mi nombre verdadero sea Denise, probablemente me lo pusiera la encargada del orfanato, que por cierto, me odia-hice una pausa porque sentí un escalofrío por la espalda-a veces, cuando cierro los ojos o duermo, se me vienen imágenes a la cabeza, horribles imágenes, que supongo que serán recuerdos.

-Oh vaya, yo, siento mucho si te molestó la pregunta, creo que tuvo que ser muy duro para ti vivir sin padres y en un sitio donde no conoces a nadie y encima te odian-contestó él a mi explicación haciendo una mueca de tristeza.

Se levantó de la silla y se dirigió hacia mí para abrazarme tiernamente.
En ese momento, comprendí, que sí había alguien en este insólito mundo que podría comprenderme verdaderamente...

____________________

Lector@s, quería hacer este pequeño inciso para agradecer los comentarios, me sirven para que esta historia sigue adelante, muchas muchísimas gracias os aprecio mucho :D
Para Liberian Girl:
¡Claro que pongo tu historia en las que merecen la pena, porque lo creo! y de nada (:
Y no, la de los personajes no soy yo, ojalá e__e xD en la página de contactos puse mi facebook, no el personal, el de la historia, y si tienes me agregas si quieres, que un día subiré alguna foto mía para que me conozcáis mejor, me haría mucha ilusión ^^

Esto es todo.
Gracias por leer la historia (:

Att.D.Farrel.





lunes, 1 de noviembre de 2010

4#You'll Be My First Best Friend.




Al despertarme y encontrarme con Michael abrazado a mí, me asusté un poco. Me deshice de su brazo y me levanté con cuidado de no despertarle.
Siempre al despertarme me gustaba asomarme a la ventana para ver el mágico paisaje que tenía aquel rancho, me recordaba tanto a algo...Pero no sabía el que, y eso me fastidiaba bastante.
Observé que en una de las sillas había ropa femenina, no sabía como había llegado ahí, pero supuse que sería la mía.
Cogía la ropa y una toalla del armario y salí por el pasillo para localizar el baño, estuve dando vueltas sin sentido por la casa, era demasiado grande para lo que yo estaba acostumbrada, el orfanato era una casa pequeña con tres pequeñas  habitaciones para diez niños, y de repente aparecer en una casa tan grande me mareó un poco.
Después de un rato intentando encontrar el baño alguien tocó mi hombro, como siempre, era él, parecía ser una especie de ángel de la guarda o algo por el estilo, siempre aparecía en el momento justo.

-¿Qué haces por aquí?-preguntó con una sonrisa.

-Pues...Buscaba el baño, pero creo que tu casa es como un laberinto, nunca encuentro las salas a las que quiero ir, no sé como tú las encuentras-contesté.

-Está justo ahí-dijo él señalando la puerta que estaba enfrente nuestra.

-Pero si he pasado por ahí un montón de veces, no puede ser...Tu casa está encantada-dije mientras miraba a la puerta.

-Se construyó sobre una casa encantada-explicó el con un tono misterioso.

-¡Qué mentiroso eres!-exclamé yo a la vez que me metía en el baño.

-¡Yo que tú tendría cuidado, puede haber una niña en la bañera!-predijo él.

-¡Eres un mentiroso!-dije.

Después de oír una de esas risitas inocentes suyas se hizo el silencio.
Me metí en la ducha y me dí una de esas duchas de media hora que te relajan y hacen que lo olvides todo.
Salí de la ducha, me sequé, vestí y peiné, y, por una vez en mi vida, me sentí en casa.
Me miré al espejo, examinando cada parte de mi rostro, veía mis ojos cansados a pesar de ser tan joven, las ojeras, las pequeñas pecas que decoraban graciosamente mi nariz, no me consideraba una belleza, es más, mentalmente soy una de las personas más débiles del mundo, era torpe, ignorante e inocente, y la gente solía aprovecharse de eso, pero ya no más, ahora me sentía segura de mí misma, porque era como si estuviese en mi casa, era como si hubiese vuelto a mi hogar después de unas horribles vacaciones.
Cuando dejé de mirarme de el espejo, miré el reloj de muñeca que llevaba puesto, ya eran las once del día, había estado una hora allí metida.
Salí del baño y bajé las escaleras que había justo al girar la esquina, llegué a un inmenso salón con una chimenea, la cual estaba encendida, había una pequeña mesita, de esas que son para poner revistas, tazas y demás cosas decorativas, unos hermosos sillones de estilo victoriano, me acerqué a uno de ellos y lo rocé con la mano, era de un tacto muy suave, el suelo cubierto del típico mármol blanco y negro y una gran alfombra muy decorativa, había, también, una gran estantería llena de libros, siempre había adorado leer, era como irse de viaje mentalmente, podía ver todo lo que quisiese con la imaginación y me encantaba.
Me senté en uno de los sillones y cerré los ojos, en el instante en el que cerré los ojos otro de esos nítidos recuerdos volvió a mi mente; veía una granja, situada en un prado enorme lleno de flores, y volví a ver a la niña de pelo cobrizo, debería de tener unos cuatro años, estaba jugando con un perro, un perro precioso de pelaje dorado, de repente, empezó a llover y la niña se metió a la granja, los rayos caían y la niña estaba asustada, parecía buscar a alguien, pero no lo encontraba, pude ver como se abrían las puertas de la granja, y justo en ese momento, abrí los ojos y vi llegar a la mujer que estuvo el día anterior en la habitación.
Era una mujer rubia de ojos marrones y tez pálida, de postura disciplinada pero con una sonrisa siempre en la cara, se acercó a mí.

-¿Desea algo, señorita?-preguntó educadamente.

-No, muchas gracias, em...-contesté intentando adivinar su nombre.

-Doris, me llamo Doris y soy la encargada de la casa-dijo sonriente.

-Encantada Doris-esbocé una pequeña sonrisa.

-Si desea algo no dude en llamarme-dijo mientras se iba alejando.

Me volví a quedar sola, era el único inconveniente que le ponía a esa casa, casi siempre te quedabas solo, la verdad, empecé a echar un poco de menos la compañía de Michael, y fue en aquel preciso momento en el que entendí por qué me pidió que me quedase con él.
Me levanté del sillón y me fui hacia la estantería a ver qué libros tenía Michael, había libros de todo tipo, pero sobretodo me llamó la atención uno, tenía una cubierta antigua y unas letras que ponían Peter Pan en dorado, era mi cuento favorito, Peter Pan, me gustaba mucho y me identificaba completamente con el chico que no quería crecer.
Cogí el libro y me volví a sentar en el sillón a leer el libro, perdí la cuenta de cuántas veces leí esa historia, estuve leyendo mucho tiempo hasta que alguien tocó mi hombro, era Michael.

-Hola-saludó él.

-Hola.

-¿Te gusta Peter Pan?-preguntó sorprendido.

-Sí, es mi cuento favorito.

-El mío también, de hecho, éste rancho se llama Neverland.

-Qué bonito.

-Sí, me encanta Peter Pan, yo soy como él, no quiero crecer, quiero ser un niño para siempre.

-Yo también, es maravilloso.

-Sí, ¿sabes? Tú serás mi primera mejor amiga.

-Tú también serás mi primer mejor amigo.

Me quitó el libro de entre las manos y me abrazó, después, me dijo que tenía una sorpresa, y que le siguiera, me llevó hasta la parte trasera del rancho.



domingo, 31 de octubre de 2010

3# Playing Hide And Seek.



De repente me entró la típica risa floja, siempre tuve esa risa de niña pequeña que me delataba.
Noté que los pasos se acercaron al perchero, dejaron de sonar y escuché una risa tímida.
En un acto reflejo me tapé la cara con las dos manos, seguidamente, alguien apartó una de las chaquetas y me quedé al descubierto; volví a oír esa risa, era una risa dulce y encantadora.
Aparté las manos de mi cara lentamente dejando ver sólo mis ojos azules, al ver quién era me sonrojé, no sabía por qué, pero me salió así, él se quedó parado enfrente mía sin dejar de sonreír, me tendió una mano y me aferré a ella para poder salir de allí.

-¿Qué hacías ahí?-preguntó entre risas.

-Esconderme...-respondí sonrojada.

-¿De qué?.

-No sé, tenía miedo de que no me dejasen explorar la casa, oí tus pasos y lo primero que se me ocurrió fue esconderme.

-¿Sabes? Me gusta tu forma de pensar, es inocente-explicó él, sentándose en el suelo-siéntate Denise-le hice caso y me senté-¿sabes? se me hizo muy raro que no me conocieses, ¿dónde vives? ¿en una cueva o algo así? soy una estrella, todo el mundo me conoce, ¿no te suena Thriller?-me limité a negar con la cabeza-Vaya...Qué raro, no sé, todos me conocen, encontrarme con alguien así es algo, gratificante, sí, gratificante, quizás seas una de las pocas personas que no me juzgue-resultaba tan...Tierno, al parecer sólo buscaba a alguien que le entendiese-¿no tienes familia?-prosiguió, cambiando de tema, un tema bastante delicado para mí.

-No lo sé, la verdad, he crecido en un orfanato y ayer me tenía que ir ya de allí, tenía dos opciones o irme a trabajar a una zapatería de la capital o curiosear por "Santa Ynez" y que sucediese un milagro-expliqué, me  fijé en que estaba muy atento-la única pista que tengo de mi familia es este colgante, gracias a él se mi apellido-dije quitándome el colgante y señalando en el centro de el círculo dorado -¿Ves? Pone Farrel, ése es mi apellido.

-Entonces, ¿a dónde vas a ir? no tienes casa, y creo, y espero no equivocarme, que tampoco tienes ningún recurso.

-No tengo nada.

-Podrías quedarte aquí, estoy solo, sólo tengo a los encargados del hogar y demás, y a veces, a Liz, una buena amiga, por eso, no me vendría nada mal un poco de compañía.

-Sólo te serviría como molesta, Michael-repliqué-no creo que sea buena idea, además ya has hecho bastante por mí salvándome del frío y dejándome dormir en tu casa, es demasiado de verdad-dije mientras me levantaba-ya encontraré la manera de sobrevivir, iré a la zapatería, o no sé, pero tranquilo, no quiero ser una molestia.

-No serías una molestia, ya te lo dije, necesito a alguien que me dé compañía-protestó impidiendo que me levantase-además tengo muchas habitaciones vacías, odio ver las habitaciones vacías, es como si me faltase algo, tengo sitio y tiempo de sobra hasta que empiece con mi nuevo proyecto, las giras y todas esas cosas, por favor, tendrás todas las comodidades y todo lo que quieras, pero quédate, por favor-no entendía aquella necesidad de tener compañía de alguien como yo, pero yo tampoco era nadie para rechazarle nada, y menos sabiendo que me había dejado dormir en su casa sin conocerme siquiera, estaría mal negarle el único favor que me pedía.

-Está bien-acepté a regañadientes, seguía sin estar muy convencida-pero sigo creyendo que seré una molestia.

-Te lo repito, no serás una molestia y...Gracias, muchas gracias-dijo él dándome un cálido abrazo, acababa de conocer otro lado de Michael, era un efusivo.

El resto del día estuvimos jugando con los juguetes, viendo películas y planeando cómo conseguiríamos ropa para mí, porque tenía muy poca, y casi toda me la dejé en el orfanato.
Me explicó quién era él, me enseñó su música, sus vídeos, sus bailes y me encantaron, desbordaba una magia inexplicable, y lo mejor, sin duda, era que aquella magia no tenía truco, es de ese tipo de magia que sólo tienen los seres mágicos, como él.
También era una persona muy inocente como para ser adulto, había conservado aquel niño que todos tenemos dentro y que la mayoría perdemos al crecer, algo que, desde mi punto de vista,es muy penoso, yo también logré conservar a la niña de mi interior y me encantaba, porque pese a que muchos decían que vivía en la ignorancia y que tenía que salir de ella, yo no quería, me negaba rotundamente a dejar de ser una niña.
Cuando estuvo atardeciendo, me explicó que esa era su parte favorita del día, porque, según él, era el momento más mágico y precioso y que todos los días le daba gracias a Dios por concedernos algo así, llevaba razón, era hermoso ver aquella mezcla de colores y al Sol ocultándose para dejar paso a mi astro favorito, la luna, para mí la luna era como la madre del espacio, me daba esa sensación, para mí era el planeta más hermoso de todos.
Michael veía las cosas de una manera distinta a los demás, siempre intentaba sacar a las cosas un lado positivo, eso estaba muy bien, porque yo tenía la teoría de que aunque todos intentasen derrumbarte tú tienes que salir adelante y cuando seas el más grande, entonces, ellos te respetarán y tú les perdonarás, ésa era la teoría que yo me había construido a lo largo de los años.

Cuando, al fin, cayó la noche, Michael, decidió mostrarme la que sería mi habitación, estaba al final de un largo pasillo, la de Michael estaba justo al otro final del mismo pasillo.
Al abrir la puerta de mi habitación, pude ver que era una de las habitaciones más hermosas que jamás haya podido ver en toda mi vida.
Era una habitación de estilo rural, con una parte de la pared cubierta en piedras grandes, no quedaba nada tosco, eso era lo que le daba el aire rural, aparte de los muebles, claro está, la pared era de un color amarillo anaranjado, muy bonito y suave, había una cama de matrimonio cubierta con un cubrecama color crema, los muebles eran de una madera clara muy suave y había una televisión encima de un mueblecito.
Al ver la televisión le pedí a Michael que viese una película conmigo, y aceptó, me dejó una camiseta suya, para que la usase como pijama esa noche.
Vimos Peter Pan, la verdad, nunca vi esa película, pero si me leí el libro cientos de veces, y ver como uno de mis personajes favoritos tomaba vida me emocionó. Al terminar la película, nos quedamos dormidos sin darnos cuenta, abrazados como dos niños.
"Amor es fuego aventado por el aura de un suspiro, fuego que arde y centellea en los ojos del amante, o más bien es torrente desbordado que las lágrimas acrecen, qué más podré decir de él... diré que es locura sabia, hiel que empozoña una dulzura embriagadora"

Romeo Y Julieta-William Shakespeare.