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Att. D.Farrel

martes, 4 de enero de 2011

21# Back To Neverland.


Cuando me desperté a la mañana siguiente él no estaba así que no pude evitar preocuparme un poco.
Me dí cuenta de que aún llevaba el vestido puesto, así que cogí algo de ropa más cómoda y me fui a la ducha, pero seguía preocupada por dónde estaría Michael.
Me miré al espejo y estaba hecha un total desastre, me tiré por lo menos media hora metida en el baño arreglandome, y así fue.
Al salir me encontré con un folio pegado en la puerta del baño y un texto que ponía:

"Si estás leyendo esto es porque has salido del baño, aleluya.
He puesto más folios como éste por toda la casa, ahora está en tus manos encontrarlos
y seguir las pistas.
Te veo cuando hayas llegado donde tienes que llegar.
Te quiero, Michael"

"No he estado tanto tiempo como para decir aleluya" pensé para mí misma a la vez que arrancaba el folio de la puerta.
Me paseé por toda la casa buscando folios y no volví a encontrar uno hasta un cuarto de hora después, estaba pegado en una de las vigas de la madera del porche, este chico se complicaba mucho para esto.

"Muy bien, si has llegado aquí es que te has hartado de dar vueltas por toda la casa.
Ahora sólo tienes que contar hasta tres y darte la vuelta."

 
Hice como él dijo y conté hasta tres, cuando me giré no había nada en especial, sólo la mesa con un sobre encima de ella...me acerqué y abrí el sobre.
Era un billete de ida a Los Ángeles...no podía ser...¡volviamos a Neverland! sonreí y miré a todos lados esperando a que Michael saliera de su escondite, pero no fue así, cuando iba a cerrar el sobre me dí cuenta de que había una carta dentro.

"¿Qué te parece la sorpresa? Sabía que echabas  de menos Neverland así que 
aquí tienes. Tendremos que estar en el aeropuerto
a las ocho de esta tarde, ¿de acuerdo campanilla?
Te quiero mucho, demasiado.
Michael."

¿Pero por qué se empeñaba en ser tan perfecto?era todo lo que yo siempre había deseado.
De repente noté que alguien tapaba mis ojos y después de una tímida risita me preguntó:

-¿Quién soy?

-Hmm...déjame pensar...¿Peter Pan?-respondí sonriendo.

-Exteriormente no, pero en mi corazón sí, por eso mi corazón te eligió a ti para ser mi campanilla-dijo mientras me abrazaba por la cintura.

-Bueno...para mí eres Peter Pan tanto por fuera como por dentro-alegué dándome la vuelta para apoyarme en su pecho.

Estuvimos un pequeño rato abrazados, él a veces me acariciaba o me besaba el pelo, esos gestos tan simples, para mí eran lo que me daban vida.
Él me soltó un momento para mirar su reloj de muñeca.

-Creo que es hora de hacer las maletas, vamos-dijo sujetándome por la cintura hasta llevarme a la habitación.

Allí empezamos a hacer las maletas, parece mentira, pero nos tiramos toda la mañana, porque se nos ocurrió la absurda idea de tirar la ropa del armario y del baúl al suelo, y entre que organizabamos, preparabamos y demás, se nos pasó el tiempo.
Cuando Michael miró al reloj de pared, abrió los ojos como platos y cerró las tres maletas que llevabamos.
Después de un "¡corre, campanilla, perderemos el avión!", por parte de Michael, les di un fugaz abrazo a mis padres, salimos corriendo por la puerta, en la que nos estaba esperando un coche muy normal, quizás él no quería llamar la atención, y estaba bien hacer eso.
Nosotros estuvimos jugando a hacernos cosquillas en el pequeño coche, para que el tiempo se nos pasara un poco rápido.
Al llegar al aeropuerto, Michael me dijo que saliera yo antes para que no llamara la atención, que él vendría después y se sentaría a mi lado.
Yo cogí mi maleta y fui a hacer lo típico que se hace cuando te vas de viaje, facturar la maleta, entrar al avión etcétera.
Me senté en uno de los asientos de primera clase del avión, al parecer, Michael no escatimaba a la hora de viajar.
Al rato de estar sentada, mirando por la ventana para comprobar si veía a Michael, alguien se sentó a mi lado, era un hombre con gafas, barba y un sombrero.

-Disculpe, está ocupado-dije con una sonrisa.

-Campanilla...soy yo-contestó él entre susurros.

-Vaya, Michael, nunca me imaginaría que eres tú-dije abrazandome a él.

-Pues aquí me tienes-dijo entre risas.

Nos abrazamos y así pasamos todo el viaje.
No se me hizo muy largo, porque me quedé dormida.
Al llegar, Michael, me despertó con un suave beso en mi frente, bajamos del avión y nos subimos a otro coche que seguramente, pasaría desapercibido.
Lo que más me sorprendió...es lo que nos esperaba al llegar allí.

domingo, 2 de enero de 2011

20# One more chance?


Era una chica, de más o menos mi edad, con el pelo rubio y cara de pocos amigos. Michael me miró desconsolado y se levantó para saludar a la chica.

-Buenas noches, Lisa-saludó él dándole dos fugáces besos en las mejillas.

-Conque esta es la chica que has elegido antes que a mí-contestó ella acercándose a la mesa.

-Lisa no hablemos de eso ahora-dijo Michael tocándole el hombro.

-No me toques Michael, ya no eres digno de tocarme-¿cómo se atrevía a decirle eso a Michael? Tenía que intervenir.

-¿Cómo puedes decirle eso?-le pregunté levantándome bruscamente de la silla-¿sabes quién es él?-ella soltó una risa hipócrita y me miró de reojo.

-La pregunta es, querida, ¿sabes quién soy yo?-me dijo con aires de diva.

-¿Sabes? Ni lo sé, ni me importa, y tampoco sé que haces en mi casa, así que fuera de aquí-repliqué, ella no dudó en contestarme con su egocentrismo, al parecer, nato.

-¿¡Cómo te atreves a tratarme así!?¡Soy la hija del rey del rock!-gritó desafiante, pero yo no me quedaría corta.

-Y yo Marilyn Monroe, lo que pasa es que me teñí de rojo y viajé al futuro, ahora fuera de aquí-contesté señalando la puerta.

-Volveré, y Michael, nos veremos muy pronto-se despidió con la cabeza alta y salió de mi casa, yo me volví a sentar en la silla bajo la atenta pero preocupada mirada de Michael.

-Lo...siento-se disculpó él acariciándome las manos-yo no me la esperaba aquí.

-¿Quién es?-pregunté cabizbaja.

-¿Te acuerdas de la chica que te dije que estaba enamorado de ella hace mucho tiempo?Es ella, pero, Denise, te quiero a ti, no te enfades, sólo quiero que me des una oportunidad más no quiero volver a decepcionarte...por favor...-dijo él sujetándo mi barbilla y mirándome profundame a los ojos.

-¿Otra oportunidad más, Mike?-pregunté desesperada mientras giraba la cabeza para no mirarle a los ojos.

-La última, te lo prometo campanilla, de verdad-contestó sujetando mi cara entre sus suaves manos.

-Está bien, pero la última eh-dije y al terminar esa frase me acercó a él y posó sus labios contra los míos, pero no tan suave y tiernamente como otras veces, no, esta vez ese beso significaba algo más.

-Ven conmigo-susurró en mi oído a la vez que me cogía de las manos y hacía que me levantase de la silla.

Iba detrás suya, subiendo las escaleras a toda velociadad hasta llegar a mi habitación.
Sin darnos cuenta, olvidamos la cena, la comida, y que teníamos mucha hambre.
Me volvió a besar, pero esta vez ya sabía que sentimiento estaba descargando sobre sus besos, la pasión, lo veía en sus ojos, veía el fuego en sus ardientes ojos marrones, se había despojado de toda chispa de inocencia que hubiese en su interior para dar paso a la pasión incontrolable.
Mi corazón iba demasiado rápido, yo ya sabía lo que pasaría esa noche.
De repente me encontré con que le estaba desabrochando los botones de su preciosa camisa blanca,¿yo estaba haciendo eso? me sorprendí a mí misma.
Él me desabrochaba el vestido con suavidad, y en ese momento oí abrir la puerta de mi habitación así que me alejé de él.

-Noa, ¿queréis algo de...?-era mi madre, no terminó de hablar cuando nos miró a los dos cabizbajos, a Michael con pintalabios por toda la cara y a mi con el pelo medio deshecho y sujetandome el vestido-¿interrumpo algo?.

-No...no mamá...continua-dije avergonzada.

-¿Queréis algo de postre?-preguntó mirando a un lado, evitaba mirarnos a toda cosa, lo sabía.

-No, gracias-respondió Michael mirándome.

-Está bien-dijo mientras cerraba la puerta de la habitación y Michael estallaba a risas.

-No me hace gracia-dije abrochándome el vestido.

-A mi mucha-continuaba riendose tanto que casi no podía respirar.

-¡No hace gracia Michael!-me quejé dándole con un cojín.

-Ahora si que no escapas-dijo sosteniéndome en sus brazos.

Me llevó hasta la cama, me abracé a él y allí me quede dormida, como siempre, bajo sus preciosas canciones.
Quizás se convertiría en rutina, pero sería una maravillosa y dulce rutina de la que no me podría quejar jamás.

viernes, 31 de diciembre de 2010

19# Return.



No pude evitar sonrojarme tras aquel beso,es que simplemente él era especial, en todo.
Me di cuenta de que por fin todo volvía a ser normal.
Empezaba a amanecer, así que decidimos volver a casa para que no nos pillasen, aquella situación me gustaba, el tener que huir para que no nos viesen, me parecía divertida.
Entramos a mi casa con cuidado, y una vez más Michael se concentró demasiado lo que hizo que me entrara la risa, su cara era muy muy divertida; llegamos a mi habitación partiéndonos de risa.


-Ha sido muy divertido campanilla-dijo él sentado en la cama intentando quitarse los zapatos.


-Sí, ¿repetiremos verdad?-pregunté mirando por la ventana.


-Por supuesto-respondió soltando un suspiro fastidiado-no puedo quitarme los zapatos.


-Mike, no pensaba que eras tan patoso-dije mirandole aguantando la risa-anda trae-continué acercándome a él y quitándole un zapato-¡qué difícil verdad!-dije con ironía.


-Eso no vale, campanilla,eres un hada, sabes hacer magia-dijo quejandose.


-No, lo que pasa es que eres un manazas-dije sentándome a su lado.


Él intentaba por todos los medios quitarse el otro zapato, pero no pudo y tuve que quitarselo yo de nuevo.
Nos tumbamos en la cama, y sin darnos cuenta, nos volvimos a quedar dormidos.
A las nueve de la mañana mi madre nos despertó diciendonos que el desayuno ya estaba preparado, así que bajamos al comedor a desayunar.
Pasamos todo el día charlando y haciéndonos cosquillas, realmente éramos como unos críos, él siempre tenía algo divertido que proponerme, esa era la razón por la que nos lo pasabamos tan bien juntos.
En el tiempo en el que estuvimos juntos me di cuenta de que era el tipo de hombre que yo buscaba, aunque nunca me hubiera planteado cuál era mi tipo, pero yo sabía que era él, lo sabía desde que le conocí.


Se hizo de noche y él decidió prepararnos una cena romántica a los dos en el porche trasero de la casa victoriana de mis padres, yo creía que él no sabía cocinar, pero sí, para mi sorpresa, sí sabía, y bastante bien.
Preparó la mesa de mimbre con un mantel, dos velas y una rosa, pensaréis que es algo muy típico de una cena romántica, pero las cosas no son nada normales cuandon estás con él, las cosas se tornan mágicas cuando él aparece.
Yo decidí ponerme un vestido, al final me iban a gustar y todo, encontré uno con estampado floral muy bonito, me recogí el pelo en un moño sujetado por un lazo.
Bajé al porche y él ya estaba allí, de pie, esperándome.


-Estás muy guapa-dijo dándome un ligero, fugáz y tímido beso en la mejilla.


-Bueno, siempre es un placer ponerme guapa para tí-él en contestación a eso se sonrojó y esbozó una tímida sonrisa.


Pensé que quizás era momento de decirle que quería volver a Neverland, pero no estaba muy segura de si hacerlo o no, probablemente él tenía cosas que hacer aquí, o tenía planeadas otras cosas para nosotros.
Se hizo un silencio, pero él, como siempre, lo rompió con su suave voz.


-Pocas veces he podido hacer estas cosas con alguien, muy pocas-dijo dejándo el tenedor que sostenía a un lado para empezar a mirarme con esa mirada que hacía que me derritiese-llegué a pensar que me quedaría solo para siempre, pero apareciste tú, y hoy estamos aquí los dos cenando tranquilamente, como una pareja normal, esto es algo que yo nunca pensé que podría hacer-dijo cogiéndo una de mis manos y besándola con suavidad-¿sonaría muy cursi decir que te has convertido en el aire que respiro, que eres mi vida y que mi corazón irá dondequiera que tu vayas?-concluyó sin dejar de sostener mi mano.


-Tu palabras nunca sonaran cursis, empalagosas o pesadas para mí, de hecho, tus palabras son mi guía, tu voz y tus palabras hacen que mi vida sea más llevadera, y yo...no sabría decirte cuanto te quiero, porque no puede expresarse con palabras, y ni un abrazo ni un beso bastarían...ni aunque te regalase la luna, el sol y las estrellas podría demostrarte lo que siento por tí, Michael-dije yo con la cabeza baja por la vergüenza que sentía al mostrarle, por fin, mis sentimientos.


Él iba a hablar pero recibimos una inusual visita...

sábado, 25 de diciembre de 2010

18# Peter Pan.

Estaba tan contenta de poder verle sonreír tan cerca de mí y de sentír su cálida mirada posada en mí cuando estoy de espaldas.
Yo quería volver a Neverland, lo ansiaba, necesitaba estar allí, era como si mi alma me lo exigiese, como si me gritase que quería volver allí, pero Michael tenía unos asuntos que resolver en Moscú, y yo no quería dejar a mis padres, aunque nuestra relación no era de las más buenas del mundo eran mis padres, y no podía dejarles, pero Neverland era parte de mí, al igual que Michael, era lo que me daba salud y felicidad.
En mi fondo era una niña egoísta y caprichosa, y yo lo sabía lo quería todo y no pararía hasta conseguirlo, o quizás era demasiado ambiciosa.
Seguía pensando en que tenía que aclarar muchas cosas de mi vida, así que al día siguiente le comentaría algo a Michael, porque estaba claro que yo sola no podía solucionar esos problemas personales que ni yo misma entendía.
Esa noche Michael durmió conmigo, y como tenía costumbre para que yo pudiese dormir me cantaba entre susurros canciones suaves de amor, y alí me quedaba yo dormida entre sus brazos.
Aún tenía pesadillas, ¿es que ni siquiera Michael era capaz de disiparlas? al principio estaba segura de que no era una pesadilla sino un hermoso sueño, ya que yo estaba surcando el cielo, podía volar y me gustaba mucho, pero los malos recuerdos hicieron que perdiese el control y caí para siempre, me desperté a las seis de la mañana sudando, y Michael se dió cuenta de ello.


-Campanilla, ¿estás bien?-preguntó mirandome preocupado.


-Sí, sí Mike estoy bien...-contesté desviando la mirada.


-No sabes mentir, venga dime que te pasa-inquirió sentándome en su regazo como si fuera un niña pequeña.


-He tenido una pesadilla, pero no ha sido nada de verdad-dije mirando al suelo.


-Bueno, tú no te preocupes, son sólo pesadillas-me consoló mientras me abrazaba-¿quieres volver a dormir?-preguntó mirandome.


-No, no me apetece, pero ¿sabes qué? a estas horas no hay nadie en la calle, podríamos dar un tranquilo paseo por las calles-sugerí pensativa.


-Es una gran idea campanilla-dijo besandome en la frente y dejandome sobre la cama-voy a vestirme-continuó mientras correteaba intentando no hacer ruido hasta el armario sacaba la ropa y se iba al baño.


Yo le miraba conteniendo mi risa, ya que verle así era muy divertido, iba con demasiado cuidado y me hacía mucha gracia porque llevaba una cara de concentración enorme.
Cuando él salió de su habitación yo me vestí, me puse un vestido de día que encontré en el baúl que había en la habitación y una chaqueta de mangas cortas, porque estabamos en verano y hacía calor, pero a las seis de la mañana hacía un poco de fresco.
Me senté en el taburete que había frente al tocador y me maquillé un poco para no parecer tan pálida, además quería ponerme preciosa para Michael, me puse unos pendientes y me arreglé el pelo cogiendomelo con unas pinzas detrás de la cabeza, la verdad es que vista así me parecía muchísimo a mi madre.
Miré al espejo y vi a Michael apoyado en el marco de la puerta mirandome con una sonrisa, yo sonreí al verle con su clásico sombrero negro y sus bonitos y definidos rizos cayendo bajo el sombrero, y su maravillosa sonrisa.
Bajamos agarrados de la mano las escaleras, cogí las llaves de la casa y se las cedí a Michael para que las guardase en uno de las bolsillos de su camisa roja.


Paseamos tranquilamente por las urbanas calles de Moscú, vimos escaparates de tiendas, y bonitos monumentos, pero sobretodo, lo pasamos muy bien y nos reímos mucho.
Él escondió sus ojos bajo esas gafas de cristales teñidos de negro, a mi no me gustaba que hiciese eso, pues me encantaba mirarle a sus preciosos y profundos ojos marrones, se las quité y me las puse en el cuello del vestido para que no volviese a ponérselas, él sonrió me abrazó y me besó con una mezcla de pasión y ternura en medio de la calle.
En ese momento, todos mis problemas mencionados anteriormente, todas mis pesadillas, mis miedos, mis fobias...desaparecieron por completo, y es que esa magia sólo la poseía Peter Pan, y ésta era la prueba de que el amor entre Peter y Campanilla podía ser verdadero.

domingo, 19 de diciembre de 2010

17# Teardrops.



Pasó cerca de una hora, y en esa hora me aprendí toda la vida de Sean. Yo preferí no contarle nada de lo que había pasado esos últimos 16 meses, y mucho menos darle el nombre de quien estaba enamorada...Sí, aun estaba enamorada de él.
Finalmente nos despedimos y él me sugirió que podría acompañarme pero me negué porque quería estar sola un tiempo. 
De repente empezaron a caer gotas de lluvia, una de las primeras lluvias de verano.
No quise correr no tenía ánimos para huir de la lluvia, y por lo tanto, llegué a mi casa totalmente empapada.

-¡Noa!-gritó mi madre al verme-Dios, mira como te has puesto hija-una lágrima calló por mi cara y mi madre se dio cuenta de ello-es por Michael ¿verdad?-no contesté solo pude abrazarla y llorar más y más-pues creo que deberías subir a tu habitación-dijo cogiéndome de la mano y llevándome hasta mi habitación.

No sé que quería que viese en mi habitación, pero lo último que quería era que mi madre me atosigara, solo quería llorar.
Abrió despacio la puerta con una gran sonrisa, ¿qué le hacía tanta gracia? miré a mi habitación y lo vi.
Allí estaba él, sentado en mi cama, mirándome pero sin sonreír. No se había olvidado de mí...Igual que yo no me había olvidado de él.
Entonces si que lloré y lo único que hice fue dirigirme hacia él y abrazarle con todas mis fuerzas, para evitar que se fuera y me dejara sola otra vez, simplemente no podría soportarlo otra vez más.
Volví a sentir su respiración y sus latidos, volví a oler su perfecto perfume.
Nos tumbamos en mi cama cuando yo me tranquilicé un poco, pero no dejé de abrazarle, pensaba que si le soltaba él se volvería a ir.
No quería decir nada, no quería explicarle lo mucho que le eché de menos ni lo que sufrí por él, pero al parecer me leyó la mente y rompió el silencio.

-Lo sé, te dije que volvería pronto, pero se me hizo imposible, he vuelto a por ti campanilla...-dijo haciendo que alzase la vista y le mirara-¿podrás perdonarme?

-No hay nada que perdonar Mike-contesté-¿sabes? pensaba que nunca jamás volvería a verte, y ahora se me hace extraño que estés aquí, soy idiota-dije soltando una risa.

-Venga, no digas eso-dijo volviendo su semblante serio-te prometo no irme jamás de tu lado, y esta vez es de verdad, nunca te abandonaré-continuó abrazándome más fuerte.

No dije nada sólo le abrace, e intenté olvidar los últimos meses.
Pasaron dos horas en las que estuvimos abrazados, las dos horas más cortas de mi vida, podía quedarme abrazada a él durante toda la eternidad, porque era algo que me llenaba y me tranquilizaba, eso era lo que él despertaba en mi.
Un huracán de sentimientos volvía a aparecer en mi mente.
¿Qué se supone que pasaría ahora?¿Me llevaría a Neverland, nos quedaríamos aquí, o me volvería dejar?
Un nuevo sentimiento afloraba en mí, la desconfianza, desconfianza hacía Michael, ya no tenía la seguridad de que no me dejaría como antes.
¿¡Qué se supone que me estaba pasando!? Le amaba con todas mis fuerzas, con toda mi alma y con todo mi ser, y sin embargo desconfiaba de él, desconfiaba de un ángel.
Definitivamente era la chica más estúpida y egoísta de la tierra, ¿qué mas quería?
Realmente en esos momentos me enfadaba conmigo misma y me odiaba hasta el límite.
"¡Eres una estúpida egoísta, Denise, Noa, o como quiera que te llames!" pensaba para mis adentros, y era verdad, no sabía siquiera cómo llamarme a mi misma.
Estaba claro, tenía un problema que debía resolver y necesitaba la ayuda de Michael, ¿pero me ayudaría? Es decir, no sabía que hacer estaba perdida y no sabía ni como llamarme, sólo necesitaba que él me disipase todos esos problemas para volver a confiar en él y poder quitarme de la cabeza todos los problemas que tenía y vivir en paz con él para siempre.
Al fin y al cabo yo quería tener una relación especial con él, quería sentirlo todo pero a su lado, quería padecer, reír, llorar, sufrir, quería vivir mi vida con todas sus ventajas y desventajas a su lado, hasta el fin de los tiempos, y si tenemos un traspiés resurgir de las llamas como un hermoso fénix.
Y entonces me dí cuenta de lo mucho que quería a Michael, de todo lo que quería vivir con él, y eso para mí era más que amor.


viernes, 17 de diciembre de 2010

16# Glances.




Sacó el teléfono, me guiñó un ojo y salió fuera de la habitación.
Me senté sobre la cama a esperar que viniese pronto y pudiésemos desayunar tranquilos.
Cerca de unos diez minutos después de haberse ido, Michael, volvió, se sentó a mi lado y ni siquiera me miró, algo había pasado, lo notaba.
Sostuve su cara entre mis manos y le miré a los ojos, él quitó mis manos y volvió a apartar su mirada de mí. 
¿Qué le pasaba? yo quería que me mirara, pero le notaba raro, triste quizás la llamada no fue tan buena como yo pensaba.

-Michael, ¿qué pasa?-pregunté intentando encontrar su mirada.

-Campanilla...Tengo que irme...-respondió levantando su cabeza para mirarme.


Y un tremendo y horrible escalofrío recorrió mi columna vertebral. Todo por lo que había sufrido se desvanecía entre los susurros de Michael diciendo "volveremos a vernos pequeña, te lo prometo, volveré a por ti".
¿Qué iba a hacer sin él?, ¿conocéis la sensación de que todo el peso del mundo cae sobre ti?Pues así me sentía yo.
No era su culpa el tener que marcharse por no se cuantos meses, tampoco era su culpa que yo me sintiese tan...¿Rota? Sí, sin duda esa era la sensación, me sentía rota como una vieja muñequita de porcelana.
¿Qué hice? Nada. No podía correr desesperadamente tras él y gritarle que le amo con todas mis fuerzas, no podía, no era nadie para detenerle.


Navidades...La noche buena...Mi cumpleaños...Meses y meses sin él, y exclusivamente acompañada del,inusual, calor frío-sé que suena raro, pero así era-que me proporcionaban mis padres, mi soledad y mis ganas de llorar a cada instante.
Pasaron unos 16 meses...4 días...15 horas y 26 minutos, desde que se fue, sí, tenía la precisión exacta de cada segundo que pasó desde que se fue.
Intenté distraerme saliendo o jugando a juegos de mesa, pero siempre había un hueco en mi cerebro y en mi corazón para su nombre, y para todos los recuerdos y sensaciones que él provocó sobre mí.
No tuve noticias de él durante todo ese tiempo, y lo peor de todo es que pensaba que no le volvería a ver jamás, me refugiaba pensando que todo lo que había pasado junto a él era un sueño, un dulce sueño, del que me desperté hace mucho tiempo.
Pero como Freddie Mercury decía en una de sus canciones: por dentro mi corazón se está rompiendo, mi maquillaje puede estar descascarándose, pero mi sonrisa aún persiste. Y es que no estaba dispuesta a seguir deambulando como un muerto viviente por los pasillos de la casa de mis padres, necesitaba salir, despejarme y conocer gente.
Vale, pasé unos meses muy duros, pero podía apostar mi vida a que Michael ya ni siquiera me recordaba.
Ya estábamos en junio de 1990, y yo tenía un año más, pero eso no me importaba, seguía teniendo la misma energía de siempre y quería salir a donde fuera y despejarme.
Eran las ocho de la tarde de un inusual caluroso día de verano en Moscú, decidí ducharme, vestirme, arreglarme y salir a dar vueltas por las grandes y bonitas calles de Moscú.
Cogí las llaves de casa y me fui.
Vi que muchas cosas había cambiado en 16 meses, había muchas mas tiendas y mucha, muchísima más gente.
Me acerqué a un escaparate de una tienda de electrodomésticos donde había varios televisores, todos estaban sintonizados en el mismo canal, y hubo una noticia que me llamó la atención:


"El Rey del Pop, Michael Jackson, estará de visita en Moscú la próxima semana. Y sigamos hablando de..."

Michael ¿en Moscú?, por un momento me hice esperanzas, las cuales se disolvieron al pensar que él ya no se acordaría de mí.
Fui a girarme cuando de repente me choqué con un chico de ojos color azul verdoso y pelo castaño.

-Perdone-dijo el chico con una sonrisa.

-No importa, fue culpa mía-me disculpé sonrojada.

Me miró profundamente a los ojos y sonrió.

-Oye, ¿te gustaría tomar unas copas conmigo?-preguntó sin dejar de sonreír.

-No bebo alcohol, además, ni siquiera sé tu nombre-contesté mirando al suelo avergonzada.

-Bueno, pues refrescos-dijo entre risas-me llamo Sean,¿y tú?

-Yo No...Den...Emm...Denise-contesté.

-Bonito nombre, entonces que ¿me acompañas?

-Vale.

Me puse a su lado y empezamos a charlar de camino a algún bar. Era un chico muy divertido y extrovertido.
Me llevó a un bar llamado Brünch, me invitó a una naranjada y seguimos charlando.
Averigüé que tenía veintiséis años y que trabajaba en una empresa de marketing.
Pero a pesar de la simpatía y la cordialidad de Sean, yo seguía pensando en Michael, en su sonrisa, su voz, sus ojos...Aún recordaba el sabor de sus labios cuando nos besamos por primera vez, Dios, como echaba de menos esos labios.
Sean me sacó de mis pensamientos con su incesante habladuría.





domingo, 12 de diciembre de 2010

15# I Love You.



Nos quedamos mirándonos, sonriendo, sin importar el tiempo, ni la hora, entonces él decidió romper esa magia, para crear otra aún mayor.

-¿Sabes?, creo que es increíble.

-¿Qué es increíble, Mike?-pregunté.

-Lo que ha pasado, en pocos meses, todo esto, es sencillamente increíble, Denise-hizo una pausa para esbozar la más hermosa de las sonrisas-tenía miedo, miedo de romper el vínculo tan hermoso que tenemos por los sentimientos, pero lo que más quiero, y lo que mas anhelaba en aquel momento, era esto, era poder besarte sin importarme nada-sus palabras se estaban clavando en mi corazón de una manera colosal, él había estado en la misma situación que yo-era poder acariciarte sabiendo que esa caricia significaría algo más, y esta es la única manera-me sujetó la barbilla y me miró directamente a los ojos- campanilla-musitó soltando un suspiro y cerrando los ojos-lo eres todo para mí, ahora eres mi mundo, y no exageraría al decir que doy mi vida por ti si es necesario-y mis ojos, sin yo quererlo se llenaron de lágrimas.

Había dicho exactamente todo lo que yo quería oír, palabra a palabra, y es que él sabía lo que yo quería oír.
¿Y ahora qué? ¿qué pasaría ahora? No lo sabía, lo único que si sabía, era que en ese momento, él me pertenecía completamente, yo era suya y él era mío, en todos los sentidos, y teníamos una conexión tan especial, que me dí cuenta de que mi ser estaba amoldado a él, y que era lo que me sostenía, él me controlaba yo era su marioneta, pero me gustaba serlo, me gustaba ser parte de él, y me gustaba derretirme cada vez que me miraba con los hermosos ojos marrones.
¿Debería responder a lo que me había dicho?¿pero que le diría?No había palabras y expresiones suficientes para explicar mis sentimientos hacia él, podía decirle un soso y típico "Michael, yo también te quiero", pero no era suficiente, es más, no se acercaba ni una pizca a lo que yo sentía, pues era una sensación que superaba al amor cien mil veces.
Simplemente, le miré profundamente a los ojos y él me dedicó una sonrisa comprensiva, sin duda, lo había entendido.

Nos tumbamos sobre la cama, y nos dormimos abrazados.
Al despertarme estaba tumbada sobre Michael, él seguía dormido, me encantaba verle dormir, se le veía tan perfecto, pero decidí despertarlo, ¿cómo?, me levanté, cogí un cojín que había sobre un sillón de la habitación y se lo tiré a la cara.
A la milésima de segundo de habérselo tirado, me senté sobre el sillón y me hice la tonta para que no me pillase, observé que abrió los ojos, se sentó sobre la cama con el cojín entre sus manos y me miró con una sonrisa picarona.

-Conque esas tenemos campanilla-dijo tirándome el cojín.

-¡Eh!¡Yo no he sido, Mike!-repliqué cogiendo el cojín y tirándoselo Michael.

-Ya verás, ¡ven aquí!-gritó él, para, seguidamente, perseguirme corriendo por toda la habitación.

Corrimos por toda la habitación, e incluso tuve que subirme sobre la cama para que no me pillase, pero lo consiguió, me agarró por la cintura, y yo intenté poner resistencia pero tuve que rendirme.
Empezó a besuquearme por el cuello, haciendo que me estremeciese, y empezó a hacerme cosquillas, cosa que yo no podía soportar porque siempre que me hacían cosquillas terminaba en el suelo muerta de risa, y así acaba con Michael encima mía haciéndome cosquillas y yo muerta de risa pidiéndole que parase.
Entonces tocaron a la puerta, pero Michael no quiso quitarse de encima, era mi madre.

-Chicos...Ya esta el desayuno listo...-dijo mientras cerraba la puerta fugazmente.

-Ahora le darás explicaciones tú, Mike-dije entre risas.

-De eso nada, campanilla-contestó con una sonrisa enorme.

En ese momento iba a besarle en ese momento, pero le empezó a sonar el teléfono móvil.


"Amor es fuego aventado por el aura de un suspiro, fuego que arde y centellea en los ojos del amante, o más bien es torrente desbordado que las lágrimas acrecen, qué más podré decir de él... diré que es locura sabia, hiel que empozoña una dulzura embriagadora"

Romeo Y Julieta-William Shakespeare.